Historia de una tradición

Desde que los hombres aprendieron a vivir en comunidad, la búsqueda de materiales y procesos constructivos para conseguir una pavimentación confortable y duradera, ha sido una inquietud constante. Al principio los criterios eran fundamentalmente prácticos y más tarde, la estética y el diseño empezaron a tomar importancia. Un buen ejemplo en son las pavimentaciones con mosaicos que procedentes de Oriente, fueron introducidos en Europa por los griegos y mejorados por los romanos.


La fabricación de pavimentos de hormigón tiene una larga tradición dentro del Grupo Pujol

Con la aparición en 1824 del cemento "Portland», llamado así por su inventor inglés Joseph Aspind, fue posible la producción de "piedra artificial".


La tecnología de la piedra artificial dio lugar al MOSAICO HIDRAULICO que desde el último cuarto del siglo XIX, ha sido el material más utilizado y de mayor calidad con el que se han pavimentado los suelos de las viviendas.


En 1945, había en Mollerussa (Lleida) tres fábricas de mosaico hidráulico, dos de las cuales eran Pujol y Graus, con una prensa cada una durante los primeros años. Cada prensa tenía capacidad de producción de ocho metros cuadrados cuando se trataba de hacer dibujos y de doce a dieciséis metros cuando se hacían marmoleados o lisos. Era un producto artesanal de gran calidad y vistosidad y que aún perdura en muchas casas modernistas de todo. Tanto Pujol como Graus, llegaron a tener cuatro prensas cada una para hacer baldosas de 20X20 y 40X40 con un modelado muy extenso y trepas de muchos dibujos.



La baldosa de mosaico hidráulico tiene tres capas. La cara buena de cemento blanco o gris, color y polvo de mármol. La segunda capa era el secante y se conseguía esparciendo cemento gris encima de la primera capa, una vez se había quitado la trepa, elemento metálico que servía de guía para hacer los dibujos de la cara buena y separaba las formas y los diferentes colores. La tercera capa era el mortero, formada por cemento, arena y grava pequeña, con poca agua. Se pasaba por la prensa y se dejaba tras fraguar y endurecer durante 28 días en un local apropiado.




Era un gran producto pero demasiado artesanal que limitaba mucho su capacidad de producción. El mercado pedía otro alternativo.


Con el desarrollo industrial en el sector de los materiales para la construcción, apareció una nueva tipología de maquinaria y procesos de fabricación, sin perder en gran parte las posibilidades creativas del mosaico hidráulico, permitió mejorar las características mecánicas de las baldosas y producirlas en series mayores. Fue así como del mosaico se pasó al terrazo.


La unión entre Graus y Pujol dio lugar a la empresa catalana con más capacidad de producción del mercado con la denominación de GRAUS, TERRAZOS Y PAVIMENTOS.